La libertad de expresión no es una concesión del poder, sino el blindaje fundamental de nuestra soberanía individual. Para que este derecho trascienda la retórica y se convierta en un motor de cambio real, debemos elevar el estándar de nuestra exigencia democrática.
Es imperativo que nuestra Constitución no solo proteja el habla, sino que institucionalice la recticuentación como un mandato ciudadano innegociable.
Mi llamado es claro y urgente: incorporar en nuestra Carta Magna el derecho y la obligación ciudadana de:
- Cuestionar la lógica detrás de cada decisión pública.
- Vigilar el uso de los recursos que nos pertenecen a todos.
- Denunciar las acciones, omisiones, ineficiencias y actos de corrupción de cualquier funcionario.
Todo esto, bajo un marco jurídico que garantice el ejercicio de la verdad sin temor a represalias.
La libertad sin responsabilidad es un vacío; pero la vigilancia sin protección es un riesgo que no podemos permitir. La soberanía de una nación se mide por la capacidad de sus ciudadanos para exigir cuentas con dignidad y firmeza.
Francisco Quintana Damián
Recticuentante
