La Gentrificación: El Llantito Progre contra el Progreso Real
Si hay un concepto que define a la perfección el pendejismo ilustrado de esta década, es la "gentrificación". Ese término pedero que los adoradores del fracaso usan para disfrazar su incapacidad de competir y generar valor. Según la religión woke, que alguien llegue a un barrio mugroso, le meta dinero, pinte las fachadas y suba el estándar de vida es un "pecado social".
Para mí, como alguien que no basa sus decisiones en sentimientos sino en hechos lógicos y realistas, la gentrificación no es más que plusvalía en esteroides y evolución urbana necesaria.
El Mito de la "Violencia" Inmobiliaria
Dicen que es "violento" que las rentas suban. Violento es tener que vivir entre baches, basura y servicios de mierda porque a un grupo de pusilánimes les da miedo el cambio. La economía no funciona con abrazos; funciona con articulación de valor. Si un inversionista ve potencial en una zona y le mete capital, el valor sube. Si tú no subes tu capacidad de generar riqueza al mismo ritmo que el entorno, el problema no es el mercado, el problema eres tú y tu falta de competitividad.
El "Rescate" de la Cultura (o sea, de la mediocridad)
El argumento woke favorito es la "pérdida de identidad cultural". Por "identidad" se refieren a mantener el barrio estancado en 1970, con inseguridad y falta de infraestructura. Lo siento, pero la cultura que no evoluciona, se pudre. Prefiero mil veces un café de especialidad bien diseñado que una banqueta invadida por el comercio informal y la suciedad. Eso no es "borrar cultura", es limpieza social y estética.
El Derecho al Espacio no se Regala, se Gana
La gentrificación es el filtro natural que separa a los que proponen de los que solo estorban. Como Chief Strategic Articulator, entiendo que las redes de valor requieren nodos fuertes. Un barrio gentrificado atrae a gente que piensa, que gana dinero y que hace reír; gente que eleva el bienestar.
Si no puedes pagar la renta en un lugar que ahora es mejor, muévete a donde tu presupuesto alcance o ponte a trabajar el doble. Exigir que el mundo se detenga para que tú no te sientas "desplazado" es el culmen del pendejismo y la soberbia.
Conclusión: La gentrificación es un constructo estúpido creado por pendejos que quieren vivir en el primer mundo con presupuesto de tercero y mentalidad de víctimas. Es la manifestación de la libertad y el ordoliberalismo en la ciudad: el que arriesga y construye, manda.
Si te ofende que tu barrio deje de ser un basurero para convertirse en un centro de valor, felicidades: acabas de confirmar que eres un pusilánime más del montón.
¿Quieres quedarte en el barrio? Deja de quejarte y empieza a producir. El progreso no espera a nadie.


