El Imperio del Pendejismo y la Renuncia a la Dignidad
Lo que hoy vemos en las calles, en las oficinas y en las instituciones no es una simple crisis de valores; es el triunfo absoluto del pendejismo. Nos hemos convertido en una sociedad de pendejos funcionales que ven cómo los servicios públicos se pudren, cómo la autoridad les escupe en la cara y cómo el vecino se pasa la ley por el arco del triunfo, y lo único que hacen es agachar la cabeza.
El IQ promedio se ha ido al caño porque el ser humano ha decidido que razonar da flojera. Es más cómodo ser un pendejo dócil que un ciudadano con criterio. Y como bien sabemos, el pendejo no es inofensivo; el pendejo es tóxico porque su pasividad es el abono de la tiranía y la mediocridad.
Para los que no estamos dispuestos a vivir en la mierda, la ruta es clara y no admite tibiezas:
Basta de eufemismos. Hay que señalar la pendejada en el momento en que ocurre. Si alguien permite que lo pisoteen, hay que decirle que es un pendejo pusilánime. Si alguien celebra la ilegalidad, hay que exhibir su pendejismo rampante. La única forma de frenar este empendejamiento colectivo es haciendo que ser un pendejo vuelva a dar vergüenza. No busco "concientizar" a nadie; busco que el pendejo sepa que, para nosotros, su opinión y su existencia son un estorbo para el progreso.
Yo no pierdo el tiempo haciendo "llamados a la gente". Al pendejo no se le invita a pensar, porque no puede o no quiere. Lo que nos toca a los que tenemos la capacidad analítica y el empuje de una aplanadora es exigir estándares de vida de primer nivel y articular redes de valor donde el pendejismo no tenga cabida. Mientras la masa se revuelca en su incapacidad de raciocinio, nosotros construimos las estructuras, los negocios y el orden que sí funcionan.
No me interesa ser "empático" con tu falta de neuronas. Si te conformas con servicios de mierda y permites que violenten la convivencia básica, eres parte del problema. El pendejismo es una elección, y yo elijo la lógica, el realismo y la libertad económica.
Soy un irreverente, un ególatra y un reaccionario frente a tu mediocridad. Si mi crudeza te rompe los sentimientos, ve a llorar a otra parte; aquí estamos ocupados tratando de rescatar a un país que tú y tu pendejismo están hundiendo.
O te pones a la altura del desafío, o te quitas. En mi ecosistema, los pendejos no son bienvenidos.


