Durante años, desde la plataforma Empoderando Ciudadanía, hemos sostenido una premisa clara: el poder y la soberanía de México no le pertenecen a la burocracia, al parasitismo político ni al asistencialismo pasivo; le pertenecen a la sociedad organizada. Hemos defendido que debemos tener tanto gobierno como sea estrictamente necesario y tanta libertad ciudadana como sea posible.
El anuncio de mi solicitud de registro como candidato a diputado local por el Distrito 4 (con cabecera en Apizaco, Tlaxcala) a través de la convocatoria abierta del partido SOMOS y Somos Tlaxcala, ha generado diversas reacciones. Por un lado, me acompaña el respaldo de quienes me conocen desde hace años y han presenciado la maduración de mis convicciones sobre el empoderamiento ciudadano y la urgencia de devolverle al individuo las decisiones que el Estado le arrebató. Por otro lado, ha desatado el ataque sistemático de bots y granjas del régimen, dedicadas a combatir cualquier intento ciudadano por fiscalizar el gasto desmedido en obras faraónicas o cuestionar la mediocridad de los servicios públicos que sufrimos todos los días.
A todos ellos les respondo con una sola certeza: la congruencia no se predica, se ejerce.
Nuestra Constitución consagra en el artículo 35 el derecho de todo ciudadano a votar y ser votado. Sin embargo, la realidad de la democracia mexicana es muy distinta. Los partidos políticos, que constitucionalmente nacieron como herramientas para facilitar el acceso de los ciudadanos al ejercicio del servicio público, han devenido en un régimen partidista que secuestra las decisiones y bloquea la participación directa.
Al recibir financiamiento del erario para sus estructuras y procesos internos, los partidos compiten en una ventaja desproporcionada frente al ciudadano de a pie. Hoy por hoy, la vía legal más accesible para llevar la causa ciudadana a la boleta electoral sigue siendo la estructura partidista. Pero esto debe cambiar.
Mi decisión de participar en este proceso obedece a un ejercicio evaluativo con dos objetivos centrales:
1. Evaluar como ciudadano la verdadera intención y apertura de SOMOS: Comprobar si las dirigencias partidistas están dispuestas a abrir de forma transparente sus espacios a la ciudadanía sin partido, sometiéndose a una evaluación técnica de perfiles, un curso de formación y una contienda interna competitiva frente a otros aspirantes.
2. Conquistar la tribuna para ciudadanizar el gobierno: Abrir el espacio necesario en el Congreso local para que la voz de los ciudadanos libres defina las leyes y el presupuesto que afectan directamente nuestro día a día.
Ante el proceso electoral que ya inició, la inercia y el abstencionismo no son una opción. Nos encontramos en un punto de quiebre democrático, y por ello hago un llamado urgente a la ciudadanía organizada a asumir dos compromisos esenciales:
* Primero: Tomar los espacios de apertura que ofrecen partidos como SOMOS. Si los partidos abren la puerta a perfiles no militantes, los ciudadanos comprometidos y con rigor técnico debemos dar un paso al frente para disputar los espacios públicos.
* Segundo: Reformar el sistema desde adentro y limitar la intromisión del gobierno en la vida de las personas.
Quienes logremos acceder a una candidatura y ganar la elección constitucional, debemos asumir el compromiso inquebrantable de legislar desde cada trinchera para desmantelar el régimen de partidos, regresar al ciudadano la capacidad de decidir sobre sus gobernantes y legisladores, y garantizar que el Estado se limite estrictamente a:
1. Garantizar la libertad
2. Proteger la propiedad privada
3. Brindar seguridad pública eficiente u eficaz
4. Garantizar servicios e infraestructura públicos de calidad y
5. Rendición de cuentas permanente.
Pasar de la queja a la acción no es fácil, pero es el único camino para reconstruir nuestras instituciones y devolverle la libertad y la dignidad a nuestra tierra.
Francisco Quintana Damián
#EmpoderandoCiudadanía


