Muerte Civil a los Mercaderes de la Abstención
La democracia mexicana se encuentra bajo un asedio silencioso, orquestado por quienes, amparados en las libertades que la misma Constitución les otorga, llaman cínicamente a la abstención. Es momento de dejar de ser tibios ante esta forma de sabotaje institucional. El artículo 36 de nuestra Carta Magna no sugiere el voto como una opción de fin de semana; lo establece como una obligación constitucional clara y tajante. Sin embargo, hemos permitido que grupos de interés y actores políticos conviertan el incumplimiento de este deber en una estrategia de manipulación, pretendiendo que la inacción es una forma de protesta, cuando en realidad es un acto de parasitismo civil.
Mi propuesta es directa y sin concesiones: quien haga llamados públicos a no votar debe enfrentar consecuencias legales severas por apología del incumplimiento de un mandato constitucional. No podemos permitir que se utilice la libertad de expresión para dinamitar los cimientos del Estado de Derecho. Si un individuo o grupo tiene la plataforma para influir en la voluntad ciudadana, debe tener también la responsabilidad de sostener el sistema que le permite hablar.
Propongo la creación de la figura de Fraude a la Participación Ciudadana, donde la sanción no sea la cárcel para el ciudadano confundido, sino la muerte política y la responsabilidad financiera para el instigador. Quien promueva el vacío en las urnas debe ser inhabilitado para ejercer cargos públicos, para votar y para ser votado. Si no crees en la validez del proceso democrático para participar, el sistema no tiene por qué reconocerte el derecho a representarlo o a beneficiarte de él.
Esto no es un ataque a la libertad; es una defensa de la integridad democrática. Organizar el boicot a una elección o consulta es un acto de resistencia ilegal contra el funcionamiento del Estado. Es, en esencia, un sabotaje financiero al erario público que gasta miles de millones en organizar jornadas electorales que estos grupos pretenden anular mediante la omisión.
La democracia no es un menú a la carta donde uno elige qué obligaciones cumplir según le convenga el resultado. Quien llama a la abstención no está ejerciendo un derecho, está cometiendo una traición al pacto social. Es hora de que el costo de dinamitar nuestras instituciones sea tan alto que nadie se atreva a sugerir que el silencio es una opción válida frente a la responsabilidad de decidir el destino de la nación.
