7 razones por las que debes odiarme
(o amarme, tú decides)
1. No soy tu cámara de eco
Si buscas validación emocional o alguien que te diga que tus "buenas intenciones" bastan, estás en el lugar equivocado. Opero con lógica y hechos. Si tu argumento es sentimental, mi respuesta será técnica y fría.
2. Mi alergia biológica a la mediocridad
Mi sistema inmunológico rechaza por instinto a los pendejos y a los pusilánimes. La falta de criterio no es una opinión; es una discapacidad intelectual que no estoy obligado a tolerar.
3. La Recticuentación es mi dogma
En mi mundo, la palabra que no se sostiene con resultados es basura. Diseñé la Recticuentación para erradicar la cultura de la excusa. Si no puedes rendir cuentas de forma quirúrgica, eres un lastre.
4. Soy un verdadero amante de los animales, no un "animalista"
Entiendo y promuevo el One Health: la superioridad humana conlleva la responsabilidad ética de proteger, no la pendejada de humanizar. Si crees que un perro tiene más derechos que un niño, eres un absoluto pendejo.
5. Mi generosidad no es una inversión en ti
Si hago algo por ti, no es porque crea que vas a cambiar. Lo hago porque mis principios me prohíben actuar por debajo de mis propios estándares. No me debes nada, pero no esperes que mi bondad sea una invitación a tu complacencia.
6. El Ordoliberalismo es mi orden, no tu libertad de caos
No creo en el libertinaje del "dejar hacer" sin reglas. Creo en la competencia feroz bajo marcos institucionales estrictos. Aquí la libertad se gana con mérito y se mantiene con disciplina.
7. Mi tiempo es más valioso que tu comodidad
No tengo tiempo para la estridencia de los pendejos; prefiero el juicio agudo de mis gatos, el aroma de un buen puro y un buen lungo veracruzano. Si no me haces ganar dinero, pensar o reír, eres ruido estadístico.
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