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martes, 2 de junio de 2026

DEJEN DE DECIR MAMADAS: MORENA NO ES EL VIEJO PRI

Entendamos de una puta vez la diferencia entre el cascarón y el parásito. Las estructuras morales (los partidos políticos) no tienen voluntad ni cometen delitos; las personas físicas que los habitan, sí.

Esa cantaleta perezosa de que "Morena es el viejo PRI" no tiene sentido. Morena es, en realidad, el refugio que construyeron todos esos cabrones que ya no tenían cabida en una democracia que, aunque perfectible, iba avanzando. Estábamos caminando hacia mejores estándares de vida, hacia una verdadera rendición de cuentas, al desarrollo económico y a la defensa implacable de las libertades ciudadanas por encima del pinche poder del gobierno.

A toda esa gente le aterraba ver cómo el estado perdía la capacidad de someter a la sociedad. Se sentían profundamente incómodos al tener menos poder para controlarnos. Por eso crearon la estructura que hoy conocemos como Morena: su único objetivo es recuperar ese control y seguir acogotando a los ciudadanos.

A los partidos que hoy se dicen "oposición", escuchen bien:

Su único trabajo es defender nuestros derechos y nuestras libertades. Entiendan que la meta es darle MÁS poder a la ciudadanía y MENOS poder al gobierno.

Si logran entender eso y lo convierten en su agenda innegociable, van a poder tener nuestros votos. Si no, váyanse al carajo. La ciudadanía ya no está para subsidiar parásitos ni mantener a quienes no nos defienden.


La Trampa de la Subsidiariedad: El Espejismo de la Falsa Riqueza

 La Trampa de la Subsidiariedad: El Espejismo de la Falsa Riqueza

Nos están vendiendo la narrativa más cínica, barata y peligrosa de la última década: "12 millones de mexicanos salieron de la pobreza". ¡Mis huevos! No salieron de ningún lado; simplemente los movieron de la estadística de miseria a la nómina del clientelismo estatal. Es hora de llamar a las cosas por su puto nombre, dejarnos de tibiezas y parar de aplaudir pendejadas.

Lo que estamos viviendo no es un milagro económico, es una TRAMPA DE SUBSIDIARIEDAD. Y en este desastre de diseño sistémico hay dos grandes culpables que necesitan escuchar sus verdades.

Primero, hablemos de la perversa maquinaria gubernamental. Lo que desde el atril presidencial presumen como justicia social no es más que la compra masiva de voluntades electorales con dinero ajeno. Sacar a la gente de la pobreza repartiendo becas, subsidios y dinero en efectivo no es crear riqueza; es agarrar los impuestos de quienes sí nos partimos la madre operando en la economía formal para mantener un consumo artificial.

Están ordeñando a la vaca productiva hasta secarla para regalar la leche en vasitos con el logo de la administración en turno.

Esto no es crecimiento, carajo. Es un esquema ponzi fiscal. Y mientras presumen que el decil más bajo tiene más ingresos nominales, ocultan el costo criminal de su estrategia: destruyeron el acceso a la salud, abandonaron la infraestructura y asfixiaron la competitividad. Sí, el ciudadano vulnerable tiene unos pesos extra en la bolsa gracias al gobierno, pero ahora tiene que gastárselos en la farmacia privada porque en los hospitales públicos no hay ni pinches gasas. El Estado te da con la mano derecha la limosna y con la izquierda te roba la red de seguridad básica. Te vuelven dependiente, te vuelven su rehén.

Pero aquí viene la otra cara de la moneda, y esta duele más porque es nuestra. Una gran parte de la población se ha convertido en un cómplice anestesiado de su propia desgracia.

Hemos normalizado la cultura de estirar la mano. Hay un sector enorme de la ciudadanía que celebra la "ayuda" del gobierno sin entender que al hacerlo están hipotecando su puta dignidad y destruyendo la economía que supuestamente los debería sostener en el futuro. Creer que un país sale adelante porque el Estado te deposita una dádiva mensual es no entender un carajo de cómo funciona el mundo real.

Ese dinero no cae del cielo; sale del lomo de los que generan ecosistemas de valor, de las empresas que pagan nóminas, del emprendedor al que el gobierno asfixia a impuestos y regulaciones. Festejar la transferencia de recursos públicos sin exigir productividad a cambio es aplaudir mientras se incendia la panadería que nos alimenta a todos.

Se necesita urgencia y una rendición de cuentas brutal y soberana. El desarrollo económico real no es un cheque que te vuelve dependiente del político en turno. El desarrollo real es la integración a cadenas de valor productivas; es generar condiciones para que cualquier cabrón pueda ganarse la vida por sus propios méritos, construyendo su propia solidez y sin deberle favores a nadie.

La subsidiariedad crónica no es caridad, es un veneno que erosiona el tejido productivo y cancela la libertad individual. O entendemos que la soberanía de una nación empieza por la independencia económica de sus ciudadanos, o nos vamos a ir todos directito a la mierda, muy contentos y aplaudiendo mientras cobramos nuestra beca. Ya basta de mediocridad.


Francisco Quintana Damián