Poco se ha hablado de la mayor cobardía política de nuestra generación: el 2022. No fue un fraude. No fue una imposición. Fue una claudicación voluntaria.
Se nos repitió hasta el cansancio que el pueblo tiene el poder. Lo que nunca se quiso aceptar es que el poder que no se ejerce se pudre, y cuando se pudre se vuelve contra quien lo abandona.
La revocación no fracasó por el régimen. Fracasó porque una élite cobarde —Claudio X. González, Vicente Fox, Felipe Calderón, Marko Cortés, Ricardo Salinas Pliego, Luis Carlos Ugalde, Brozo, Loret de Mola y compañía— decidió que era más cómodo llamar a la abstención que arriesgarse a perder el control del relato.
Pero no nos engañemos: ellos solo sugirieron. Tú obedeciste.
Tú, ciudadano pusilánime y pendejo, que te quedaste en el sofá creyendo que no participar era una forma sofisticada de resistencia. Que confundiste indiferencia con inteligencia y flojera con estrategia.
Si hubieras tenido los pantalones y el cerebro para ir a las urnas y reventar ese proceso con un NO, hoy este país sería distinto.
Tal vez no viviríamos bajo una militarización total que prometieron que nunca ocurriría y que hoy tiene al Ejército controlando aduanas, aeropuertos y puertos, mientras el crimen organizado gobierna carreteras y regiones enteras.
Tal vez habríamos frenado el desfalco obsceno de Segalmex —tan monumental que hace ver a la Estafa Maestra como un juego de niños— y la red de tráfico de influencias del clan presidencial antes de que se repartieran el botín.
Quizá no estaríamos contando muertos mientras repetimos la estupidez criminal de “Abrazos no Balazos”, una estrategia que ya entonces rompía récords históricos de homicidios y desapariciones.
Tal vez no tendríamos un sistema de salud demolido, sin medicinas, sin tratamientos oncológicos, con una Mega Farmacia vacía como monumento nacional a la ineptitud.
Nos habríamos ahorrado el capricho faraónico de una refinería que no refina pero sí costó el triple, y la devastación ecológica del Tren Maya que perforó cenotes y selva por pura soberbia.
Pero no pasó. No porque no existiera la herramienta. No porque no existiera el descontento. Pasó porque te faltaron huevos y te sobraron excusas.
Hoy tenemos un Poder Judicial sometido, al INE en proceso de demolición y a los organismos autónomos agonizando. Y no, no fue inevitable. Fue posible porque millones decidieron no hacer nada.
La mala noticia es esta: ya no puedes decir que no sabías. Un pueblo que pudiendo quitar a los ineptos decide no hacerlo, merece ser gobernado por ellos.
La culpa no es solo del tirano. Es también de los pusilánimes y pendejos que, teniendo el poder en las manos, prefirieron mirar para otro lado.
¿Y AHORA QUÉ?
¿Te vas a quedar lamiéndote las heridas o vas a aprender la maldita lección?
La historia, a veces, es generosa y da segundas oportunidades. La herramienta sigue ahí. La Constitución sigue ahí. Y el desastre se está profundizando.
Por eso, hoy te convoco a dejar de ser un espectador y convertirte en el protagonista que este país necesita a gritos. Vamos por la Revocación de Mandato de Claudia Sheinbaum. No mañana, no "a ver qué pasa". La organización empieza hoy.
Pero escúchame bien, porque no voy a repetir esto:
Cuando vuelvas a escuchar los cantos de sirena de Claudio X. González, Vicente Fox, Felipe Calderón, Marko Cortés o Ricardo Salinas Pliego diciéndote que "no vale la pena", que "es una farsa" o que "mejor nos esperamos"...
Cuando veas a Loret, a Brozo, a Alazraki o a Luis Carlos Ugalde intelectualizando de nuevo la cobardía y pidiéndote que te quedes en casa...
Ten la dignidad, los huevos y la memoria histórica para mandarlos a la verga.
Diles que tu inacción del 2022 ya nos costó un país. Diles que esta vez no vas a obedecer a una élite que vive cómoda mientras tú te jodes. Diles que esta vez, el "vacío" se lo pueden meter por el culo, porque tú vas a ir a llenar esas urnas con un: "REVOCACIÓN" tan estruendoso que retumbe hasta Palacio Nacional.
Se acabó la época de los pusilánimes. Es hora de usar el poder. Es hora de actuar como dueños de México, no como inquilinos asustados.
Organízate. Exige. Y cuando llegue el momento: VOTA Y ÉCHALOS.
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