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sábado, 15 de agosto de 2026

El "ahorita" del mediocre

El "ahorita" no es una muletilla inofensiva ni un rasgo folclórico del habla cotidiana. Es la manifestación más transparente de la mediocridad operativa, la inmadurez mental y la cobardía de quien prefiere simular que cumple antes que asumir el costo de la acción inmediata.

Postergar lo que exige solución en el presente no es una cuestión de tiempo, sino de carácter. Quien responde con un "ahorita" buscando dilatar la exigencia o esperando que la entropía resuelva lo que su voluntad no se atreve a afrontar, está destruyendo el activo más valioso en cualquier ecosistema personal o profesional: la confianza.

La anatomía de la evasión:

1. Inmadurez emocional: La incapacidad de sostener la fricción del deber en el momento en que se presenta. El inmaduro necesita "tener ganas" para actuar; el adulto profesional actúa por principio y rigor.

2. Cobardía social: El "ahorita" se usa como un anestésico para no decir "no", para evitar el conflicto o para evadir la responsabilidad de dar una negativa firme o una fecha real de entrega.

3. Pacto de mediocridad: Tolerar la indefición es validar un estándar mediocre. En la gestión, en los negocios y en la vida ciudadana, la ambigüedad destruye la predictibilidad y dispara los costos del incumplimiento.

Resolver no es un acto de prisa, es un imperativo de dignidad y respeto. La palabra empeñada no puede habitar en un limbo indeterminado.

O se asume el compromiso con plazo y métrica real, o se asume la incapacidad de ejecutar. Todo lo demás es simulación.

Sustituye la evasión por certeza. El rigor en la ejecución no se negocia.


Francisco Quintana Damián 

Observatorio Ciudadano de la Recticuentación 

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