El manual del tirano trasnochado: Del «fraude» brasileño al secuestro del INE
Nos lo han dicho hasta el cansancio, pero la comodidad ciudadana prefiere el anestésico de la propaganda: la libertad no se pierde de golpe, se subasta en abonos chiquitos. Si alguien necesitaba una prueba más de cómo la izquierda populista latinoamericana juega con los dados cargados, solo basta con voltear a ver a Brasil. Cuando Lula da Silva exigió manotear y reabrir casillas quirúrgicamente donde la tendencia no le favorecía para terminar acomodando los números a su antojo, no vimos una "victoria de la democracia"; vimos un ensayo general.
Ese es el modelo que la autodenominada "Cuarta Transformación" está copiando punto por punto en México. La necedad patológica de Morena por asfixiar, capturar y controlar al Instituto Nacional Electoral (INE) no es un capricho administrativo ni una "austeridad republicana". Es el seguro de vida de un régimen que sabe perfectamente que no puede mantener el poder si las reglas del juego son parejas.
Querían el árbitro, ya tienen las tarjetas, y ahora van por la red del campo para que nadie más pueda anotar.
El marco jurídico que nos ha venido imponiendo este régimen de mierda no tiene otro objetivo que la domesticación ciudadana. Nos están engordando a base de dádivas mientras, por la espalda, nos desarman legalmente. Cada reforma, cada cambio de ley y cada arrebato institucional está diseñado para una sola cosa: hacer al Gobierno cada vez más omnipotente, hipertrofiado e intocable, frente a una ciudadanía cada vez más despojada, indefensa y dependiente del humor del mandatario en turno.
La pregunta estúpida que muchos se hacen es: «¿Y qué van a hacer los partidos de oposición?»
La respuesta corta es: nada, a menos que se les ponga una pistola en la espalda electoral. La partidocracia tradicional está feliz repartiéndose las migajas del banquete autoritario mientras el país se desmorona. Por eso, el llamado no es a aplaudir a los logos de siempre, sino a forzar a esos cascarones políticos a que dejen de poner a sus cuates, a sus amantes o a los pendejos de siempre como candidatos a diputados federales.
Necesitamos gente en el Congreso que no vaya a calentar el asiento ni a cobrar la dietas; necesitamos legisladores con integridad, pero sobre todo con los pantalones bien puestos para desmontar, pieza por pieza, el artefacto de control normativo que nos han instalado. La prioridad absoluta de la próxima legislatura debe ser liberar a la ciudadanía de la camisa de fuerza legal con la que este gobierno busca eternizarse.
Si la ciudadanía sigue jugando a la apatía, aceptando el relato oficial y esperando que un "mesías" venga a arreglar el desastre, el destino está escrito. Ya vimos la película en Brasil, la vimos en Venezuela y la estamos viviendo aquí. O despertamos a palos y obligamos a la clase política a llevar candidatos de verdad comprometidos con la libertad, o terminaremos siendo comparsas en la coronación de un régimen que no piensa soltar el poder jamás.
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