¿Sorprendidos? Nadie. ¿Asqueados? Todos.
Lo de Guadalupe Taddei y la apestosa cloaca de contratos millonarios, nepotismo y proveedores compadres en el INE no es una "campaña sucia" ni un "golpeteo político". Es el resultado directo y predecible de la fórmula favorita de nuestra podrida clase política: colocar a inútiles sin antecedentes de integridad, solvencia técnica ni eficiencia al frente de las instituciones públicas.
Decenas de millones repartidos a excolaboradores y compadrazgos bajo el amparo de la impunidad. Y cuando los atrapan con las manos en la masa, aplican el desgastado manual del cinismo institucional: “nos mantenemos firmes”, “son ataques mediáticos” y a seguir cobrando del erario.
El problema de fondo no es solo Taddei; es la pervertida costumbre de convertir los órganos del Estado en premios de consolación o cotos de caza para leales sin currículum. Cuando le entregas el control del país y de sus instituciones a gente cuya única "competencia" fue lamer las botas correctas, no obtienes "austeridad republicana" ni "eficiencia": obtienes opacidad, estafas y administraciones de basura.
Para 2027, la lección tiene que quedar clara y grabada a fuego en las urnas.
Ya basta de votar por parásitos de partido, levantadedos profesionales y comparsas del poder. Necesitamos legisladores ciudadanos, gente técnicamente eficaz, eficiente y con una sola convicción incuestionable: la libertad y la protección del patrimonio ciudadano están por encima de cualquier gobierno de porquería y de cualquier intento estatal por aplastar nuestros derechos o meterle la mano al bolsillo a quien sí trabaja.
Si el SAT no te perdona un solo peso y te exige cuentas de primer nivel, ¿por qué demonios seguimos tolerando a corruptos e incompetentes de tercera dirigiendo el destino del país?
En 2027 cobramos la cuenta. Menos gobierno metiche, cero tolerancia a los corruptos y ni un solo voto a quien no ponga la libertad del ciudadano por delante.
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