Chihuahua ya encendió la mecha de una lucha que no va a tener tregua. Esto ya no es un asunto de partidos; es una confrontación directa contra la incompetencia descarada de un gobierno mediocre y su evidente complicidad con el narcotráfico. La mentada 4T resultó ser una hidra podrida: todo lo que toca lo destruye, lo corrompe o se lo entrega a la delincuencia organizada.
El próximo año nos jugamos el futuro en las urnas con el relevo de gobernadores, diputados federales y locales. Si nos seguimos quedando callados por miedo, por hueva o por pura pusilanimidad, le vamos a firmar el acta de defunción a México. No podemos seguir tolerando que una bola de corruptos incompetentes y criminales disfrazados de políticos sigan desmantelando el país en nuestras narices mientras pactan con los capos en lo local y lo federal.
Te propongo las reglas del juego para lo que viene:
Cero votos a los lambiscones del crimen: Ni un solo sufragio a candidatos que tengan la más mínima sombra de corrupción, nexos con el narco o una pendejez gubernamental demostrada.
Se acabó la cobardía: La mediocridad e incompetencia corrupta de los gobiernos de Morena no tiene por qué ser el destino de los mexicanos de bien. La pusilanimidad no nos va a llevar a ningún lado.
Voto con huevos y con cabeza: El voto no es una mercancía ni un regalo para parásitos; es la herramienta para arrancar de raíz a la delincuencia y a los gobernantes mediocres que les cuidan la espalda.
Si permitimos que la indiferencia gane las próximas elecciones, el país entero se va a ir por el caño. O nos unimos todos para barrer a estos cínicos con un voto inteligente, duro y razonado, o nos acostumbramos a vivir de rodillas en un país entregado al crimen.
Dejémonos de pendejadas y de tibiezas. La ciudadanía no es un pinche título de papel para presumir en la cartera; es un ejercicio de dignidad, soberanía y huevos. Ser ciudadano de verdad exige pantalones, no lamentos de pasillo ni quejas en el cafecito. Rompan ya con esa pusilanimidad crónica que nos tiene agachados, esperando a que un milagro nos salve el pellejo. El verdadero ciudadano no se esconde en la pasividad: da la cara, asume el costo de su libertad y defiende su tierra. Dejen de comportarse como súbditos asustados ante los criminales y los burócratas, y empiecen a actuar como los verdaderos patrones de este país.
¡O recuperamos la dignidad civil con un voto contundente y sin miedo, o terminamos de entregar la patria por pura y maldita cobardía!

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