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miércoles, 18 de febrero de 2026

EL CANIBALISMO DE LA 4T Y EL MEXICANO MIGAJERO

No se confundan con el ruido mediático ni con los sombrerazos que se están dando en las entrañas de Morena. Lo que estamos presenciando no es una fractura ideológica ni un despertar democrático; es selección natural política. Es el reacomodo de las hienas cuando el botín del poder público está sobre la mesa. Se están despedazando porque la carroña es abundante y todos quieren la mejor tajada del presupuesto. Era inevitable, lógico y, francamente, predecible para cualquiera que use la cabeza para algo más que ponerse la gorra de un partido.

El problema de fondo no son las tribus del oficialismo peleando por el trono. El problema real, el cáncer que nos mantiene anclados en el tercermundismo mental, es que seguimos teniendo una ciudadanía pusilánime, pendeja y vergonzosamente manipulable.

Somos un país de corta memoria y estómagos agradecidos. Mientras las cúpulas terminan de acomodar sus fichas y repartirse las candidaturas para la próxima elección, el "pueblo sabio" observa el espectáculo desde la barrera de la ignorancia, esperando que su verdugo termine de pelear para volver a lamerle la mano.

Hablemos de los famosos "apoyos". Esa maldita droga llamada programas sociales no es más que la eutanasia de la competitividad nacional.

Estamos criando generaciones de parásitos electorales que prefieren estirar la mano que usar el cerebro. El "mexicano migajero" ha sido condicionado a creer que el éxito no viene del diseño, de la construcción de redes de valor o de la eficiencia productiva, sino de la puntualidad con la que le llega su depósito del bienestar.

El voto en este país no se gana con visión de Estado ni con lógica de libertad; se compra con la humillante moneda de las becas y las pensiones. Es el mercado del hambre.

Cada peso que se tira en una beca para un "nini" o en una pensión sin fondo de maniobra, es un peso que se le roba a la infraestructura, a la innovación y al fortalecimiento de un marco ordoliberal que de verdad nos haga competitivos. Estamos canjeando el desarrollo tecnológico por votos; estamos quemando los cimientos del edificio para mantener caliente la estufa de la demagogia.

Es un bucle perverso que nos tiene estancados:

El canibalismo: El oficialismo se despedaza en público.

La unificación: Se alinean bajo el mando del que tenga el garrote más grande y la chequera más gorda.

La entrega: El ciudadano pendejo entrega su futuro y la viabilidad económica del país a cambio de una transferencia electrónica que la inflación —causada por este mismo gobierno inepto— se devora antes de que termine el mes.

Si de verdad queremos hacer de México un país mejor día a día, hay que dejar de ser "políticamente correctos" con la estupidez colectiva. No se puede construir una nación de vanguardia con una base social que prefiere la seguridad de la limosna por encima de la libertad del mérito.

Mientras el mexicano siga siendo un rehén voluntario de sus propias carencias, los que detentan el poder seguirán riéndose de nosotros desde sus Suburban blindadas. La libertad no se pide, se ejerce; y la dignidad no debería tener precio de liquidación. Pero para el mexicano migajero, parece que su destino vale menos que un bimestre de pensiones.

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