Mira, me importa un carajo si te sientes el guardián de la moral de la "transformación" o el cruzado de la oposición de clóset. Si tu ideología es tu identidad, no eres un ciudadano, eres un pinche títere con la mano de un político metida hasta el esófago. La conclusión no es "brutal", es una bofetada de realidad para los pendejos que prefieren el culto al mesías que el uso de la neurona.
La polarización no es debate, es un maldito interruptor que te apaga el pensamiento crítico. Si aplaudes las estupideces de un fulano o escupes las verdades de un mengano solo por el color de su pinche bandera, felicidades: ya te usaron, ya te desecharon y ya eres un peón más en su tablero de mierda mientras los gobiernícolas de todos los bandos cenan caviar con tus impuestos.
Porque seamos claros: los de antes eran unos cínicos, pero los de ahora son unos ineptos con delirios de santidad. Gobernar no es ir a misa ni dar sermones bananeros, es eficientar. Punto. Me vale un bledo tu "sentimiento social" o tu "pureza conservadora" si no sabes articular una red de valor o diseñar un sistema que no se caiga a pedazos. La ideología es el cáncer de la gestión; es preferir que el barco se hunda con la bandera "correcta" antes que poner el parche que de verdad funciona.
Aquí lo que hace falta es recticuentación pura y dura: que cada pinche burócrata rinda cuentas y enderece el camino por diseño técnico, no por capricho político. La moderación no es tibieza, no sean imbéciles; es el acto de rebeldía más agresivo que existe hoy. Es tener los huevos de decir que las instituciones y las reglas del juego están por encima de cualquier pinche líder de cuarta con delirios de grandeza.
Y para rematar: va una dedicatoria especial a la horda de incompetentes que hoy ocupan sillas para las que no les da el ancho. La "lealtad ciega" es el refugio de los mediocres que no tienen talento para ofrecer. Prefieren un "10% de capacidad y 90% de lealtad" porque la excelencia les aterra. Son parásitos del presupuesto que disfrazan su ignorancia con retórica barata. Un país no se construye con aplaudidores profesionales, se construye con resultados, con datos y con gente que sepa qué carajos está haciendo.
Cuidar el sistema es más urgente que ganar tu partidito de mierda. Un país vale más que una secta de inútiles. Si te arde, ráscate. Si te ofende, vas por buen camino. Si te hace pensar, bienvenido al bando de los que sí queremos construir algo que funcione en este país, lejos de la basura fanática y de los parásitos que viven de la ubre pública.
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