Hay que decirlo con todas sus letras: en México, nos han condicionado para aceptar lo inaceptable. Nos hemos vuelto expertos en estirar un billete que nace mutilado, pidiendo permiso para disponer de lo que nosotros mismos generamos. Si hoy sientes que el dinero no te alcanza, no es solo por la inflación o porque "no te esfuerzas lo suficiente"; es porque vives en un sistema diseñado para que, entre más trabajes, más le entregues a una burocracia voraz que no te devuelve ni seguridad, ni salud, ni futuro. Es hora de dejar de ser los cómplices silenciosos de nuestro propio saqueo.
Vamos a los números fríos, esos que a muchos les da flojera ver pero que explican por qué tu refrigerador está a medio llenar. Imagina un sueldo de $16,500 pesos brutos. Suena a "clase media", ¿verdad? Pues es un espejismo sangriento. Antes de que veas un solo centavo, el SAT y el IMSS te arrancan el primer bocado. Luego, sales a la calle y el sistema te vuelve a emboscar: por el "lujo" de mover tu coche para ir a trabajar, el IEPS y el IVA en la gasolina te roban el aliento. Al llegar al súper, cada producto que tocas tiene una carga oculta; entre IVA e IEPS a alimentos, entregas otra tajada de tu esfuerzo. Si sumas el ISAN y la Tenencia, el balance es trágico: de tus $16,500 iniciales, solo te quedan $11,457. El Estado te ha confiscado el 30.5% de tu tiempo de vida. ¡Estás regalando casi cuatro meses de tu existencia al año a cambio de servicios mediocres!
Aquí es donde la tragedia se vuelve urgencia. El IEPS a las gasolinas no es un "impuesto a los ricos". Es un impuesto al hambre. Todo lo que consumes llegó en un camión que usa combustible. Cuando el Estado cobra IEPS en la gasolinera, ese costo se traslada directamente al precio del jitomate, la carne y la leche. Es un impuesto en cascada que castiga doblemente al trabajador: primero le quita dinero al cargar su coche y luego le vuelve a arrebatar el presupuesto cuando la canasta básica sube de precio por culpa de esa misma voracidad fiscal. Es un círculo vicioso de miseria programada para mantenerte agachado.
Nuestra propuesta no es una sugerencia amable, es una exigencia de supervivencia económica. Primero, cero IEPS en gasolinas y alimentos para desplomar el costo de la vida de inmediato. Segundo, un tope real al ISR: nadie que gane menos de $100,000 pesos al mes debería pagar más del 15%. No se puede castigar el aspiracionismo ni el talento de quienes mueven al país. Tercero, muerte a la doble tributación; no más pagos por propiedad como Tenencia o ISAN. Lo que ya pagaste con tu sudor es tuyo y de nadie más.
Seguir aceptando este nivel de confiscación es, para decirlo claro, una pendejada. No podemos esperar resultados distintos si seguimos alimentando al mismo monstruo que nos asfixia. Bajar los impuestos no es "quitarle dinero al gobierno", es devolverle la dignidad y la libertad al ciudadano. Cuando recuperas ese 30% que hoy te roban, recuperas la capacidad de elegir tu propia salud, la educación de tus hijos y tu propio destino. La verdadera transformación no viene de un discurso mañanero, viene de dejar de financiar a quienes nos mantienen estancados.
Despierta. Reacciona. Transforma.
Visio, Actio, Transformatio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario